17 de julio de 2017

HANNAH ARENDT Y SU VISIÓN DEL IMPERIALISMO

Alejandro Teitelbaum. alainet

Hannah Arendt escribió Los orígenes del totalitarismo, obra en tres partes: 1) El antisemitismo; 2) el Imperialismo y 3) El totalitarismo. (Título original: The origins of the totalitarianism Versión española de Guillermo Solana. Grupo Santillana de Ediciones, S.A., 1974,1998. Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara, S.A. 427 páginas).

Hannah Arendt habla de “La expansión por la expansión” de los imperialistas, lo que no constituye un hallazgo suyo sino que está inspirado en las tautologías heideggerianas como la “cosidad de la cosa” o que “el acontecimiento acontece”.

Pero en el tema del imperialismo prefirió ser más rigurosa y contradecir a Lenin. Escribe Arendt: “El imperialismo debe comprenderse como la primera fase de la dominación política de la burguesía, más que como la última etapa del capitalismo”. No es el lugar para argumentar una evidencia: que “El imperialismo fase superior del capitalismo”…de Lenin conserva plena vigencia y actualidad. Con la frase: “El imperialismo debe comprenderse como la primera fase de la dominación política de la burguesía, más que como la última etapa del capitalismo”, Arendt parece ignorar que el comienzo de la dominación política (y económica) de la burguesía no es un producto del imperialismo sino que puede situarse entre los siglos XVII y XVIII (las revoluciones burguesas) se consolidó con las guerras de conquista coloniales y la explotación de los recursos (humanos y materiales) de las colonias y de los países periféricos.

Y que el imperialismo como “mundialización” de la dominación económica y política del capitalismo monopolista (la reproducción ampliada del capital a escala mundial) es un fenómeno posterior, pues comenzó a manifestarse entre fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX, como sostuvo Lenin, basándose en un estudio riguroso de los hechos y no en una mera especulación.

Pero Arendt no se queda en esta afirmación, manifiestamente contraria a los hechos históricos, y en el Prólogo a la sección de su libro dedicada al imperialismo– claramente inspirada en algunos aspectos de la obra de John Hobson El imperialismo: un estudio, (1902) escribe:

Rara vez pueden ser fechados con tanta precisión los comienzos de un período histórico y raramente fueron tan buenas las posibilidades de los observadores contemporáneos para ser testigos de su preciso final como en el caso de la era imperialista. Porque el imperialismo, que surgió del colonialismo y tuvo su origen en la incongruencia del sistema Nación- Estado con el desarrollo económico e industrial del último tercio del siglo XIX, comenzó su política de la expansión por la expansión no antes de 1884, y esta nueva versión de la política de poder era tan diferente de las conquistas nacionales en las guerras fronterizas como del estilo romano de construcción imperial. Su fin pareció inevitable tras “la liquidación del Imperio de Su Majestad” que Churchill se había negado a “presidir” y se tornó un hecho consumado con la declaración de la independencia india. El hecho de que los británicos liquidaran voluntariamente su dominación colonial sigue siendo uno de los acontecimientos más trascendentales de la historia del siglo XX. De esa liquidación resultó la imposibilidad de que ninguna nación europea pudiera seguir reteniendo sus posesiones ultramarinas. La única excepción es Portugal, y su extraña capacidad para continuar una lucha a la que han tenido que renunciar todas las demás potencias coloniales europeas puede ser más debida a su atraso nacional que a la dictadura de Salazar; porque no fue sólo la mera debilidad o el cansancio debido a dos asesinas guerras en una sola generación, sino también los escrúpulos morales y las aprensiones políticas de las Naciones-Estados completamente desarrolladas, los que se pronunciaron contra medidas extremas, la introducción de “matanzas administrativas” (A. Carthill) que podían haber destrozado la rebelión no violenta en la India y contra una continuación del “gobierno de las razas sometidas” (lord Cromer) por obra del muy temido efecto de boomerang en las madres patrias. Cuando finalmente Francia, gracias a la entonces todavía intacta autoridad de De Gaulle, se atrevió a renunciar a Argelia, a la que siempre había considerado tan parte de Francia como el département de la Seine, pareció haberse llegado a un punto sin retorno. Cualesquiera que pudieran haber sido los términos de esta esperanza si la guerra caliente contra la Alemania nazi no hubiese sido seguida por la guerra fría entre la Rusia soviética y los Estados Unidos, se siente retrospectivamente la tentación de considerar las dos últimas décadas como el período durante el cual los dos países más poderosos de la Tierra pugnaron por lograr una posición en una lucha competitiva por el predominio en aquellas mismas regiones aproximadamente que habían dominado antes las naciones europeas. De la misma manera, se siente la tentación de considerar a la nueva y difícil distensión entre Rusia y América como el resultado de la aparición de una tercera potencia mundial, China, más que como la sana y natural consecuencia dela destotalitarización de Rusia tras la muerte de Stalin. Y si evoluciones posteriores confirmaran estas incipientes interpretaciones, significaría en términos históricos que hemos vuelto, en una escala enormemente ampliada, al punto en el que comenzamos, es decir, a la era imperialista y a la carrera de colisiones que condujo a la primera guerra mundial. Se ha dicho a menudo que los británicos adquirieron su imperio en un momento de distracción, como consecuencia de tendencias automáticas, aceptando lo que parecía posible y resultaba tentador, más que como resultado de una política deliberada. Si esto es cierto, entonces el camino al infierno puede no estar empedrado de intenciones como las buenas a que alude el proverbio. Y los hechos objetivos que invitan a retornar a las políticas imperialistas son, desde luego, tan fuertes hoy, que uno se inclina a creer mínimamente en la verdad a medias de la declaración, en las vacuas seguridades de buenas intenciones por parte de ambos bandos, de un lado, los “compromisos” americanos con un inviable statu quo de corrupción e incompetencia y, de otro, la jerga seudorrevolucionaria rusa acerca de las guerras de liberación nacional. El proceso de construcción nacional en zonas atrasadas, donde a la ausencia de todos los prerrequisitos para la independencia nacional corresponde un chauvinismo creciente y estéril, ha determinado unos enormes vacíos de poder en los que la competición entre las superpotencias resulta tanto más fiera cuanto que parece definitivamente desechado con el desarrollo de las armas nucleares el enfrentamiento directo”. Los subrayados son nuestros.

Hobson en su obra hace una distinción entre el colonialismo que se aplica a territorios poblados de inmigrantes de la sociedad de origen como es el caso de Australia, Canadá y Nueva Zelandia y el imperialismo “la anexión pura y simple de territorios sin voluntad de integración”, como ocurrió a fines del siglo XIX. Hasta aquí Arendt lo sigue al pie de la letra, que la lleva a hablar de “la expansión por la expansión”. Pero Hobson hizo también un estudio económico del imperialismo y de sus móviles reales, que fueron los intereses financieros y la búsqueda de beneficios y no un simple móvil (¿psicológico?) de “la expansión por la expansión”. El trabajo de Hobson es muy importante para el estudio del imperialismo, pero tiene sus límites, señalados por Lenin en El imperialismo… y por otros autores, por ejemplo el no haber distinguido la ocupación de territorios para la explotación de los recursos naturales y humanos, propio del colonialismo y la exportación de capitales (inversiones) característico del imperialismo. Que hemos llamado más arriba “reproducción ampliada del capital a escala mundial”. Quizás fueron estas limitaciones de Hobson en el análisis del imperialismo y de la economía capitalista en general que lo llevaron, pese a las profundas críticas que hizo al mismo, a proponer para ciertos casos una especie de “buen imperialismo” consistente en que las naciones imperialistas podrían ejercer una suerte de fideicomisos en las naciones “más atrasadas”. Esta idea del “buen imperialismo” parece haber estado en la cabeza de Arendt cuando escribe: … “El proceso de construcción nacional en zonas atrasadas, donde a la ausencia de todos los prerrequisitos para la independencia nacional corresponde un chauvinismo creciente y estéril, ha determinado unos enormes vacíos de poder…” Que habría que llenar con un “buen imperialismo”.

Vale la pena recordar que las potencias occidentales, con Estados Unidos a la cabeza, se han ocupado de crear “enormes vacíos de poder” desintegrando varios países, ahora sumidos en el caos, como son los casos de Irak, Libia, Siria y Afganistán. Arendt habla de “la incongruencia del sistema Nación-Estado con el desarrollo económico e industrial del último tercio del siglo XIX”. Arendt no comprendió la congruencia de un sistema mundial imperialista donde hay Estados-naciones desarrollados que tienden a reproducir sus capitales locales a escala mundial (que así devienen capitales transnacionales), ocupando, dominando, sojuzgando, oprimiendo y explotando a otros pueblos y otros Estados. Contando para ello con su potencial económico, financiero, militar, político e ideológico.

La idea del “buen imperialismo” también parece haber sido adoptada por Arendt cuando escribe que los británicos liquidaran voluntariamente su dominación colonial y… “Cuando finalmente Francia, gracias a la entonces todavía intacta autoridad de De Gaulle, se atrevió a renunciar a Argelia”, de “los escrúpulos morales y las aprensiones políticas de las Naciones-Estados completamente desarrolladas”, de la “jerga seudorrevolucionaria rusa acerca de las guerras de liberación nacional”.

De modo que guiadas por sus “escrúpulos morales” Gran Bretaña liquidó “voluntariamente” su dominación colonial y Francia “renunció” a Argelia, después de cometer reiterados crímenes contra la humanidad, entre ellos las matanzas de Sétif y Guelma el 8 de mayo de 1945 para “celebrar”, la victoria contra el nazismo (entre más de 1000 y 40000 muertos, según las fuentes). Arendt se olvidó de decir también que Francia “renunció” a Indochina después de ser derrotada militarmente en Dien Bien Phu. Para Arendt, las guerras de liberación nacional fueron “jerga revolucionaria rusa”. Todo esto la lleva a formular la tesis de que el “verdadero” imperialismo que subsiste en el tiempo está originado en regímenes totalitarios y no puede tener base de sustentación en el largo plazo en Estados democráticos como, por ejemplo, Estados Unidos. Que la teoría del “buen imperialismo” de las potencias occidentales, llenas de “escrúpulos morales” y de que el imperialismo sólo puede sustentarse en el largo plazo en un régimen totalitario y no puede durar mucho tiempo en una democracia no es, de nuestra parte, una extrapolación abusiva de la obra de Hannah Arendt, lo demuestran los párrafos siguientes del trabajo del conocido ensayista David Harvey “El “nuevo” imperialismo: acumulación por desposesión” (http://www.cronicon. net/paginas/ Documentos/No.22. pdf): …

En todos estos casos, el viraje hacia una forma liberal de imperialismo (asociada a una ideología de progreso y a una misión civilizatoria) no resultó de imperativos económicos absolutos sino de la falta de voluntad política de la burguesía para resignar alguno de sus privilegios de clase, bloqueando así la posibilidad de absorber la sobreacumulación mediante la reforma social interna. Actualmente, la fuerte oposición por parte de los propietarios del capital a cualquier política de redistribución o de mejora social interna en EUA no deja otra opción que mirar al exterior para resolver sus dificultades económicas. Este tipo de políticas de clase internas forzaron a muchos poderes europeos a mirar al exterior para resolver sus problemas entre 1884 y 1945, y esto imprimió su particular tonalidad a las formas que adoptó entonces el imperialismo europeo. Muchas figuras liberales e incluso radicales se volvieron imperialistas orgullosos durante estos años, y buena parte del movimiento obrero se persuadió de que debía apoyar el proyecto imperial como un elemento esencial para su bienestar."

Esto requirió, sin embargo, que los intereses burgueses comandaran ampliamente las políticas estatales, los aparatos ideológicos y el poder militar. En mi opinión, Hannah Arendt interpreta este imperialismo eurocéntrico correctamente como “la primera etapa del dominio político de la burguesía y no la última fase del capitalismo”, como había sido descripta por Lenin”.

Y más adelante prosigue Harvey: …

En ausencia de una fuerte revitalización de la acumulación sostenida a través de la reproducción ampliada, esto implicará una profundización de la política de acumulación por desposesión en todo el mundo, con el propósito de evitar la total parálisis del motor de la acumulación. Esta forma alternativa de imperialismo resultará difícilmente aceptable para amplias franjas de la población mundial que han vivido en el marco de (y en algunos casos comenzado a luchar contra) la acumulación por desposesión y las formas depredadoras de capitalismo a las que se han enfrentado durante las últimas décadas. La treta liberal que propone alguien como Cooper es demasiado familiar para los autores postcoloniales como para resultar atractiva. Y el militarismo flagrante que EUA propone de manera creciente, sobre el supuesto de que es la única respuesta posible al terrorismo global, no sólo está lleno de peligros (incluyendo el precedente riesgoso del “ataque preventivo”) sino que también está siendo gradualmente reconocido como una máscara para tratar de sostener una hegemonía amenazada dentro del sistema global. Pero tal vez la pregunta más interesante se refiere a la respuesta dentro de EUA. En este punto, una vez más, Hannah Arendt plantea un contundente argumento: el imperialismo no puede sostenerse por mucho tiempo sin represión activa, o incluso tiranía interna. El daño infligido a las instituciones democráticas internas puede ser sustancial (como lo aprendieron los franceses durante la lucha por la independencia de Argelia). La tradición popular dentro de EUA es anticolonial y antiimperialista y durante las últimas décadas han sido necesarios muchos ardides, cuando no el engaño declarado, para disimular el rol imperial de Norteamérica en el mundo, o al menos para revestirlo de intenciones humanitarias grandilocuentes. No resulta claro que la población estadounidense vaya a apoyar en el largo plazo un giro abierto hacia un imperio militarizado (no más que lo que terminó avalando la guerra de Vietnam)”.

Sin desconocer los méritos de Harvey, se manifiesta en su trabajo una evidente contradicción: por un lado da la razón a Arendt y por el otro su análisis del imperialismo se basa fundamentalmente en el que hizo Lenin, aunque con algunas concesiones al subjetivismo como cuando habla de la falta de voluntad política de la burguesía para resignar alguno de sus privilegios de clase, bloqueando así la posibilidad de absorber la sobreacumulación mediante la reforma social interna. Y cuando da rienda suelta a su imaginación al escribir acerca de que “la tradición popular dentro de EUA es anticolonial y antiimperialista” contradiciéndose con lo que escribió algunos párrafos más arriba: “Muchas figuras liberales e incluso radicales se volvieron imperialistas orgullosos durante estos años, y buena parte del movimiento obrero se persuadió de que debía apoyar el proyecto imperial como un elemento esencial para su bienestar”. Este último es un dato objetivo que corresponde a la realidad del sistema mundial imperialista.

Como lo describió hace algunos años Ronald Mc Kinnon, profesor titular del Departamento de Ciencias Económicas de la Universidad de Stanford, en un artículo publicado en el Boletín del Fondo Monetario Internacional (Fondo Monetario Internacional, Finances et Developpement junio 2001) refiriéndose a cómo una buena parte del pueblo estadounidense vive a expensas del resto del mundo:

Durante el último decenio, el ahorro de las familias (en los Estados Unidos) ha disminuido más de lo que el ahorro público (expresado por los excedentes presupuestarios) ha aumentado en el mismo período. El enorme déficit de la balanza de pagos (exportaciones versus importaciones) de las transacciones corrientes de Estados Unidos, de alrededor de 4,5% del producto nacional bruto de 2000, refleja ese desequilibrio del ahorro. Para financiar un nivel normal de inversión interior –históricamente alrededor del 17% del producto nacional bruto– Estados Unidos ha debido utilizar ampliamente el ahorro del resto del mundo. “Malas” reducciones de impuestos –las que reducen el ahorro público sin estimular el ahorro privado– podrían incrementar esa deuda con el extranjero. Desde hace más de veinte años (es decir desde antes de 1980), Estados Unidos recurre ampliamente a las reservas limitadas del ahorro mundial para sostener su alto nivel de consumo– el de la administración federal en los años 80 y el de las familias en los años 90. Las entradas netas de capitales son actualmente más importantes que en el conjunto de los países en desarrollo. Es así como Estados Unidos, que era acreedor del resto del mundo a comienzos de 1980, se ha convertido en el más grande deudor mundial: unos 2 billones 300 mil millones de dólares en 2000. Los balances de las familias y de las empresas en Estados Unidos muestran el efecto acumulado de los préstamos privados obtenidos en el exterior desde hace diez años. La deuda de las empresas es también muy elevada con relación a su flujo de caja. Sin embargo, no tienen por qué inquietarse. Estados Unidos se encuentra en una situación única y es que disponen de una línea de crédito prácticamente ilimitada, en gran parte en dólares, frente al resto del mundo. Los bancos y otras instituciones financieras de Estados Unidos están relativamente al abrigo de las tasas de cambio: sus activos […] y sus pasivos son en dólares. En cambio, otros países deudores deben acomodarse a las disparidades de las monedas: los pasivos internacionales de sus bancos y de otras empresas son en dólares y sus activos en moneda nacional”.

No hay pues, un “nuevo imperialismo”, sino un imperialismo que se adapta a las circunstancias, entre otras, a las relaciones de fuerzas, pero que mantiene su esencia depredadora, agresiva, militarista, explotadora y totalmente contraria a los derechos fundamentales del ser humano. Por cierto que a la gran mayoría del pueblo estadounidense no le agrada la idea de poner sus muertos en las guerras de agresión. Para evitar tal inconveniente, la doctrina militar estadounidense se ha enriquecido con la estrategia del “cero muerto” (zero killer: ok 1), consistente en evitar el uso de tropas de tierra y recurrir a bombardeos aéreos masivos, perfeccionados con el bombardeo por medio de drones (aviones no tripulados dirigidos electrónicamente –como un videojuego– desde los Estados Unidos), con los consiguientes “daños colaterales”. Consistentes éstos en la destrucción indiscriminada de las infraestructuras civiles y en la masacre, también indiscriminada, de la población del país agredido.

Hannah Arendt, para formular sus tesis, ha debido omitir por completo en su trabajo mencionar la política imperialista de Estados Unidos en América Latina en los últimos 170 años, que incluye anexiones, comenzando por la de una parte de México en 1845, promoción de golpes de Estado para instalar y sostener dictaduras sanguinarias, invasiones armadas, presiones económicas, etc. Y guardar silencio sobre el hecho de que en África en el momento de la descolonización y de los movimientos de liberación nacional surgieron líderes como Patrice Lumumba, Kwame Nkrumah, Amílcar Cabral, Jomo Kenyatta y más tarde Thomas Sankara, que bregaron por una vía independiente para sus pueblos, contraria a los intereses de las ex metrópolis y de sus grandes empresas. Todos ellos fueron derrocados o asesinados, como fueron los casos de Lumumba, Cabral y Sankara, y reemplazados por dirigentes dictatoriales, corruptos y fieles a las grandes potencias neocoloniales. Quizás haya sido también superfluo para Arendt recordar que las potencias europeas, como culminación de las guerras coloniales que emprendieron en África en el siglo XIX, en la Conferencia de Berlín de 1885 se distribuyeron dicho continente como una tierra de nadie, creando fronteras artificiales, y se la redistribuyeron después de la guerra 1914- 1918. Todavía se sufren los resultados de esas fronteras artificiales con las guerras interétnicas, fomentadas por las grandes potencias para seguir saqueando los recursos naturales del continente.

Otras “perlas” de Arendt en su análisis del imperialismo. … “la era del llamado imperialismo del dólar, la versión específicamente americana del imperialismo anterior a la segunda guerra mundial, que fue políticamente la menos peligrosa, está definitivamente superada. Las inversiones privadas –“las actividades de un millar de compañías norteamericanas operando en un centenar de países extranjeros” y “concentradas en los sectores más modernos, más estratégicos y más rápidamente crecientes”-crean muchos problemas políticos aunque no se hallen protegidas por el poder de la nación, pero la ayuda exterior, aunque sea otorgada por razones puramente humanitarias, es política por naturaleza precisamente porque no está motivada por la búsqueda de un beneficio. Se han gastado miles de millones de dólares en eriales políticos y económicos en donde la corrupción y la incompetencia los han hecho desaparecer antes de que se hubiera podido iniciar nada productivo, y este dinero ya no es el capital “superfluo” que no podía ser invertido productiva y beneficiosamente en la patria, sino el fantástico resultado de la pura abundancia que los países ricos, “los que tienen” en comparación con“los que no tienen”, pueden permitirse perder. En otras palabras, el motivo del beneficio, cuya importancia en la política imperialista del pasado llegó a ser sobreestimada frecuentemente, ha desaparecido ahora por completo; sólo los países muy ricos y muy poderosos pueden permitirse soportar las grandes pérdidas que supone el imperialismo”. (Arendt, Los orígenes del totalitarismo. Prólogo a la segunda parte: Imperialismo, pág. 13. Editorial Taurus, 1998). [Los subrayados son nuestros].

Un verdadero himno al carácter humanitario y desinteresado del capital monopolista transnacional y una crítica inmisericorde (por cierto en no pocos casos justificada) en lo que se refiere a los dirigentes corruptos, pero totalmente falsa en cuanto concierne a los pueblos presuntamente “beneficiarios”, víctimas del imperialismo y de sus cómplices locales.

NOTA DEL EDITOR DE ESTE BLOG:
Aunque no comparto la tesis de Teitalbaum ni de Mc Kinnon de que sectores de la clase trabajadora norteamericana viven a expensas del resto del mundo porque supone sustentar la idea de que unos trabajadores extraen su plusvalía a otros y no el capital en cada país, lo cierto es que considero muy útil la mayor parte de este texto en la medida en la que contribuye a desenmascarar a esta vocera del capitalismo y del imperialismo (Hanna Arendt), disfrazada de lo contrario, anticomunista visceral y amante del ex nazi Martin Heiddeger. Una de dos, o los progres posmodernos y anticapis de salón son unos ignorantes absolutos o su pasión por Arendt revela que son la quinta columna del capital. O ambas cosas a la vez.


10 de julio de 2017

NO BAJARON DE LOS CERROS A DEFENDER EL PROCESO BOLIVARIANO

Por Marat
El criminal Leopoldo López está ya en libertad. Lo de menos es que este hecho se haya producido por orden del Tribunal Supremo venezolano o por orden del Presidente Nicolás Maduro. Salvo la mayoría parlamentaria de la oposición fascista, la práctica totalidad de los órganos del país habían sido elegidos en su día por parte de la mayoría política bolivariana que se había sustentado en la voluntad transformadora de las clases populares.
El proceso hace mucho que se torció. Importa poco ponerle fechas y hechos concretos. Lejos de construirse auténticos órganos de democracia socialista, se recurrió a la demagogia. Las Comunas, como manifestación de dicho poder nunca fueron otra cosa que declaración de intenciones.
En las empresas, desde PDVSA (la petrolera estatal) hasta las controladas por el ejército, pasando por el Sistema Bolivariano de Comunicación e Información (SiBCI), adscrito al Ministerio del Poder Popular para la Comunicación y la Información, Minci, o por otras empresas públicas, no se instauró una democracia de base y control de los trabajadores sino una que se instaló una boliburguesía procedente, muchas veces, de sectores absolutamente opuestos a los intereses de las clases populares y que, a la vez que unían sus destinos a la burocracia del sistema político, conspiraban contra el propio proceso bolivariano. En su lugar, mucha manifestación de ardor político y mucha exaltación y culto a la personalidad del líder: algo muy distinto de lo que es la emancipación de los explotados y oprimidos que requieren participación, poder en la base y sentido crítico hacia las desviaciones de los procesos. Amén fue la consigna de entonces.
Frente a la ausencia de construcción de poder popular, de control obrero de la producción, de socialización de las empresas a manos de los trabajadores, de fiscalización por los sectores populares de las instituciones de la mal llamada revolución, lo que se impuso durante los años de los altos precios del petróleo fue la financiación de los servicios públicos y las rentas.
El comandante Chávez, cuando aún había confianza en el modelo bolivariano, fue liberado del golpe de Estado no tanto por sus oficiales y soldados como por los desheredados de los cerros que creían en lo que él representaba. Éste, que nunca fue un marxista ni un revolucionario sino un populista con voluntad socialdemócrata auténtica (no de eso que la pobreza intelectual llama socialdemocracia) intentó acabar con el poder económico de una oligarquía fascista y próxima estratégicamente a los intereses del imperialismo norteamericano. Pero el susto paralizó el intento transformador.
Aún se sostuvo cierta ficción de voluntad transformadora por la movilización social que el carisma del comandante facilitaba a su alrededor pero el proceso, que ya no era proceso, porque nunca tuvo un proyecto decidido hacia el socialismo y la toma, que no ocupación del poder del Estado burgués para destruirlo y crear uno de los sectores populares, estaba ya entonces en vía muerta. El propio PSUV no era sino una amalgama de intereses contrapuestos entre el populismo, el nacionalismo y cierta retórica socialista, incapaz de orientar a la sociedad venezolana.
Cuando llegaron las horas difíciles, descendieron los ingresos del Estado y de la economía, no solo por un sabotaje, la falta de conciencia entre las clases subalternas, educadas no en la socialización del poder sino en la subvención de los servicios, llevó a sectores importantes de los trabajadores y del pueblo venezolanos a extrañarse de unas instituciones que ya no representaban en nada al proyecto original en el que confiaron y por el que pelearon. Cuando no tienes pan has de de dar, al menos, la confianza en que aquello por lo que pides sacrificio a otros les pertenece porque es suyo.
La temprana muerte de Chávez dio paso al más mediocre, pusilánime y pobre intelectualmente de sus posibles sucesores: Nicolás Maduro, un pésimo imitador de las formas y la retórica de Chávez.
Como gobernante demostró su plena incapacidad, como personaje se convirtió en un ser risible al que solo los aduladores profesionales que tenían algo que ganar y poco espacio al que retroceder podían seguir manteniendo.
Dividió al poder bolivariano, enfrentando instituciones del Estado. Permitió que dentro del ejército, que había sido depurado en su día por Chávez, crecieran los sectores reaccionarios, dejó que se dilapidara el capital político chavista por su inacción y su pusilanimidad, se negó a dar un golpe de fuerza, a ilegalizar a los partidos de la MUD y a ejercer una represión revolucionaria decidida y completa contra los sectores fascistas de los poderes económicos, mediáticos e ideológicos, apoyándose en una posición de clase contra clase, ejercida no por la policía del Estado sino por los trabajadores venezolanos. En definitiva, se fue aislando de las corrientes a la izquierda del PSUV y del Estado, como el PCV (sobre el que llegó a planear la sombra de la ilegalización) y otros y se encerró en unas amenazas de matón de barrio sin valor para llevarlas a cabo y en una creciente incapacidad de dirección política, toma de decisiones y sentido de la oportunidad y de la necesidad de actuar.
Los sectores populares desgajados de la propuesta bolivariana no lo hicieron porque apoyasen las protestas de los criminales de la ultraderecha venezolana a sueldo de la vieja oligarquía (no podían  hacerlo, sabedores de cómo esta les despreciaba) sino que simplemente dejaron el vacío en las calles de la fuerza social en que se asentaba el gobierno, mostrando de ese modo su debilidad.  
La revolución que nunca existió y el proceso interrumpido a los pocos años de empezar a andar han muerto con la liberación del criminal más simbólico de toda la ultraderecha venezolana, Leopoldo López, bajo la protección del Papa y de un tipejo infame como Zapatero . A partir de ahora veremos a la burocracia y a la dirigencia bolivariana intentar un pacto contra natura y de última hora, al estilo del que hizo el corrupto Ortega en Nicaragua, con los sectores más reaccionarios de la vieja oligarquía nicaragüense.
Toda revolución tiene su Thermidor cuando no se afirma sobre sí misma, sobre su base social y su proyecto político. Cuando no es revolución, ni siquiera es Thermidor, es simplemente farsa lo que le sucede. El problema es que, aunque sea solo ópera bufa lo que venga tras ella, los sectores populares que estuvieron comprometidos en la lucha por la transformación de Venezuela no pueden pactar. Sobre ellos caerá la represión pero eso a los Maduros y Cabellos les importará muy poco.
Algunos celebramos en este año la revolución de Octubre. La diferencia entre los bolcheviques y los bolivarianos actuales no está simplemente en la comparación imposible entre Lenin y Maduro, ni en la diferencia entre sus tallas intelectuales y políticas, sino en algo fundamental: la voluntad revolucionaria frente al menchevismo de la opereta venezolana, la construcción de un poder popular en en que asentarse frente al negarlo y esperar fidelidad acrítica y la falta de decisión para tomar el poder , en lugar de limitarse a ocuparlo.   

9 de julio de 2017

EN LA TUMBA DE LEOPOLD TREPPER

Michel Warschawski. El porteño

A iniciativa de mi joven amigo, el documentalista Eran Torbiner, fuimos hace unas semanas a recogernos ante las tumbas de Leopold Trepper y de su compañera y cómplice Luba Brojde. Fue precisa toda la habilidad de Eran para encontrar el emplazamiento de sus tumbas en el inmenso cementerio judío de Jerusalén.

El mismo día, aún conmovido, conté a mi hija Talila, una joven cultivada y erudita, lo que acababa de hacer. Talila no había oído nunca hablar ni de Leopold (Leib) Trapper ni de la Orquesta Roja. Inmediatamente he descubierto que para la juventud israelí de su generación el nombre del jefe de la Orquesta Roja no significaba absolutamente nada. Asumo la entera responsabilidad de la falta de transmisión a mis hijos, pero la ignorancia generalizada de su generación -así como, por otra parte, de la que la precede- es un problema de sociedad y un fracaso del sistema educativo israelí. ¿Fracaso? Más bien una opción: un judío comunista que además fue un espía soviético, no es un ejemplo para la juventud israelí.

La Orquesta Roja fue una red de espionaje soviético activa durante la Segunda Guerra Mundial en Francia, Bélgica, Países Bajos y Dinamarca bajo la ocupación nazi, pero también en Berlín, en el corazón del régimen. Está admitido que pocas redes de espionaje fueron tan eficaces como la Orquesta Roja, cuyos agentes habían logrado infiltrarse en la máquina de guerra alemana y recoger así informaciones de primera mano. El Almirante Canaris, jefe del contraespionaje nazi, hizo el balance de los daños provocados por la Orquesta Roja, declarando que “al menos 200 000 soldados sucumbieron como consecuencia de la actividad de la Orquesta Roja”.

Si Stalin y los burócratas de sus servicios de espionaje hubieran tenido más confianza en esta red compuesta esencialmente de judíos internacionalistas (dos características poco apreciadas en Moscú), no habrían tenido que pagar el precio colosal de la invasión alemana en 1941: Trepper y sus amigos habían transmitido a sus jefes la fecha exacta de la Operación Barbarroja, pero en Moscú creyeron que era una operación de intoxicación británica.

La realidad de la Orquesta Roja supera todas las ficciones, incluyendo la evasión de Trepper de las oficinas de la Gestapo, cuando su red fue descubierta. Pero no se trataba de espías clásicos: Trepper y sus camaradas eran en primer lugar militantes comunistas para quienes el antifascismo era visceral, y el hecho de que la mayoría de entre ellos fueran judíos, hacía de su combate una lucha personal contra el nazismo. Esto explica, en parte, la desconfianza que reinaba entre los miembros de la red y los servicios de espionaje de Moscú y los arreglos de cuentas tras la guerra.

En 1945 Trepper fue llamado a Moscú adonde acudió con otros heraldos de la lucha antinazi en el avión personal de Stalin. Pero no fue la medalla de heraldo de la Unión Soviética la que le esperó, sino los calabozos de la siniestra Lubianka, donde pasó diez años. Comparado a los demás que fueron casi todos asesinados, se puede decir que no le salió del todo mal.

Como consecuencia de la ola de antisemitismo en Polonia en 1968, Trepper abandonó su país para ir a Francia, y luego a Israel, donde vivió con Luba en un modesto piso de protección oficial del barrio Kiryat Hayovel de Jerusalén, donde me reuní con él dos veces. En su entierro en 1982 no había más que una docena de personas -vecinos esencialmente- y, evidentemente, ningún representante oficial del Estado de Israel. Eran ha consultado el Waze: no hay ninguna calle con el nombre de Trepper o de la Orquesta Roja. A una quincena de kilómetros de Jerusalén, se ha plantado un bosquecillo con el nombre “La Orquesta Roja”, con estelas con los nombres de algunos de sus miembros.

Trepper, Hillel Katz, Zocha [Yehudith Kafri] y sus compañeros y compañeras son los verdaderos heraldos del pueblo judío en el siglo XX, no Joseph Trumpeldor o Meir Hartzion. Pero, ¿quién les menciona en los medios o en los programas escolares?

NOTA DEL EDITOR DE ESTE BLOG
La historia de Leopold Trepper, Harro Schulze-Boysen, Arvid y Falk Harnack, Mildred Fish Harnack, Hilde Rake, Hans Coppi y tantos héroes de entre sus camaradas comunistas de la Orquesta Roja me impresionaron hondamente hace casi 15 años, cuando la leí por primera vez. Aquella abnegación y sacrificio de revolucionarios y antifascistas me tocó hondamente por su lealtad a la causa por la que tantos de ellos sacrificaron sus vidas. Publicar este texto en blog es un homenaje a todos ellos. 

Sé que algún párrafo del texto molestará a quienes niegan ciertos aspectos de la historia de aquella época tal y como sucedió y que intentan reescribirla. Me niego a mutilarlo porque responde a la realidad de los hechos y porque jamás hice tal cosa. No es propio de comunistas. 

Les dejo el enlace al libro completo de Gilles Perrault, “La Orquesta Roja”. Espero que les emocione y sobrecoja como a mí me sucedió al leerla. Estamos en tiempos en los que carecer de memoria es propio de criminales y de estúpidos. 

26 de junio de 2017

GARZÓN ENTONA EL TANGO DEL CABRÓN

Cuando no queda nada (bandera roja por arcoiris),
hasta la pose del "lidercillo" indica la falta
de respeto a los principios
Por Marat

Si alguien se siente ofendido por el título dispone de la opción de no continuar leyendo pero, si lo hace, lo mínimo que cabe pedirle es que no limite sus opiniones a la simpleza de coger el rábano por las hojas, que es el nivel que suelen alcanzar los “argumentos” de los “progres” que hoy no son siquiera simulacro de reformismo. Esos que frente a la falta de pan que produce el capitalismo proponen que no se les corte el rabo a los galgos. Vendrá un pijoanimalista a decirme que es una ley muy necesaria. Justamente el pijoanimalista al que la lucha de los estibadores en defensa de sus conquistas laborales históricas y de su dignidad se la trae floja. Que se vaya con viento fresco quien carece de la empatía necesaria para entender que el primer animal acosado al que debe defender es ese congénere de especie al que el poder del capital trata de aplastar una vez más.

Dice el garçon (Garzón) del pis (recomiendo ver el vídeo de 1 minuto y 33 segundos completo por su alto valor explicativo) de Pablito que está descontento en su papel de mamporrero de su amado fuhrercito y que pide mayor visibilidad de la capillita política (IU) a la que representa en su rol de indigna comparsa de los podemitas. No voy a entrar a discutir cómo era la IU que se fundó con el Partido Humanista (secta), los carlistas y el minipatidillo de bolsillo (Federación Progresista) de Tamames. Tampoco hablaré del papel indecente de Francisco Frutos, tras tanto alternativismo del procer Anguita frente al PSOE, pactando con este partido listas electorales en la época de Almunia. Ni siquiera de cómo IU ha sostenido gobiernos caciquiles, corruptos y compravotos del PSOE en Andalucía. No es necesario. Está en la mente de muchos.

Alberto Garzón, ese muñeco pálido de Pablito, llora la amargura de saber que cuando los votos de Podemos vuelvan al PSOE del saltimbanqui Sánchez, las siglas del grupúsculo que dirige no podrán recuperar el tiempo entregado al oportunismo mal dirigido. En su mente rondan aquellos versos del tango de Gardel que rezan


Aún el tiempo no logró
llevar su recuerdo,
borrar las ternuras
que guardan escritas
sus cartas marchitas
que tantas lecturas
con llanto desteñí...
¡Ella sí que me olvidó!...
Y hoy frente a su puerta
la oigo contenta,
percibo sus risas
y escucho que a otro
le dice las mismas
mentiras que a mí...”

La IU que algunos reclaman como impoluta en el pasado llevaba dentro de sus filas a trepas como Pablo Iglesias (UJCE en el pasado), a telepredicadores afectados de logorrea por un ego terapéuticamente mal tratado (Juan Carlos Monedero), a individuos con vocación de jubilarse en la política, tras tantos años como consejeros aúlicos (Manuel Monereo), a personajes que demostraban una soberbia impresionante, a la altura de su desprecio a los afilados, cuando eran alevines de IU (Irene Montero), a abogados que empezaron bien y acabaron mal (de la PAH a Podemos, pasando por el desprecio a las luchas de su pasado: Rafael Mayoral), a nazis, asesores de IU en la época de Frutos en la secretaria general del PCE y de Anguita en la dirección de ese engendro ciudadanista llamado Frente Cívico, como Verstrynge. Me refiero al sujeto que coqueteó con los nazis de CEDADE y fue admirador del fascista Girón de Velasco, el mismo que ha reconocido en varias ocasiones que hacía informes a través de un montaje llamado GODSA, de Alianza Popular, para subvencionar con dinero empresarial a su partido (los condottieri cambian de cliente como de camisa los lobos de Wall Street), el mismo que siente admiración confesa por Marine Le Pen.

Hubo un tiempo, muchos años después de abandonar IU, en el que decidí abofetear la cara indecente de un PSOE 2.0 de 1914, llamado Podemos, que imitaba al original del Isidoro de 77, con los restos de las manos muertas que quedaban de IU. Ese tiempo ya pasó. La mayoría de esa IU está compuesta por dirigentes sin decencia ni principios y por bases formadas por mediocres sin formación política alguna pero un pasivo trágala basado en el venimos del PCE, como si ese partido no se hubiera vendido al capital desde su política de reconciliación nacional de 1956 con los hijos de los franquistas, obedeciendo las órdenes de Stalin de la coexistencia pacífica de una URSS, ya muy alejada del poder de los soviets, con el capitalismo. Táctica le llaman a la renuncia.

Parece que hay un memo estalinista para el que el cuestionamiento de todo el texto viene de si fue Stalin o Kruschev el que apadrinó la escuela de las relaciones internacionales soviéticas de la coexistencia pacífica. El muy ignorante desconoce el significado de la cumbre de Yalta y el reparto pacífico de Europa y quienes salían en la foto.

Hay una creencia muy extendida en quienes militan en esos partidos que en Occidente aún tienen la desvergüenza de llamarse comunistas, no siéndolo, de que dichos partidos son recuperables para el socialismo. Dicha mentira, autoadministrada por quienes la aceptan para consumo propio, se basa en un hecho histórico: que la III Internacional los reconoció en su día como secciones nacionales de la misma. Pero lo que un día fue cierto no tiene hoy base alguna en la que sustentarse como verdad posterior. El pacto con las falsamente llamadas burguesías democráticas, en la lucha contra el fascismo y con aquellos partidos que solo unos años antes habían sido tildados de socialfascistas, llamado Frentes Populares en muchos países de Europa, postergó "sine die" la lucha por la destrucción del capitalismo y la revolución socialista para aclimatar a los PPCC al capitalismo contra el que habían nacido y a la aceptación, con matices, de sus democracias burguesas. La retórica y el ritual seguían siendo socialistas pero las prácticas socialdemócratas. Me pregunto qué es lo que hace que algunos que se autodenominan comunistas, habiendo sido educados políticamente en el reformismo, sigan confiando y esperando que sus PPCC de referencia y afiliación den un giro revolucionario. La posibilidad de que tal cosa suceda es la misma de que los PPSS vuelvan a la senda del socialismo y del marxismo. Pero a los miembros de unas y otras organizaciones, ya en proceso de descomposición, les sirve para acallar sus conciencias de pequeñoburgueses jugando a la ensoñación anticapitalista. Ni ellos se creen esa esperanza pero les resulta cómoda para no tener que hacer autocrítica sincera y volver a empezar, que es la tarea de cualquier revolucionario que realmente lo sea. Si fuera necesario seguirían esperando otros 60 años. Y es que romper el cordón umbilical da mucho trabajo y exige libertad de pensamiento.

Así que no me venga ningún nostálgico del “sin Garzón todo fue mejor” porque saben o debieran admitir, si tuvieran la inteligencia y la honestidad comunista para admitirlo, que ellos fueron alfombrando de basura el lugar en el que hoy está su querida “organización”.

Pues bien, toca decir que el papel de cornúpeta, de gran alce con mínimo cuerpo que hoy es IU, está alfombrado por el papel de un PCE que fue heroico en la lucha de sus militantes, no de gran parte de una dirigencia protegida ante la represión, contra el fascismo pero absolutamente alejado de la orientación de clase contra clase que debe caracterizar a los comunistas. De tales renuncias estos resultados.

La IU de Garzón es un zombie que busca, no identidad propia, no sean ustedes tan absurdos en su mentira, sino una cuota de influencia, porque la facción progre de defensores del capital no tiene poder sino destinos profesionales.

La que reivindica a la antigua IU jamás mató al padre, Santiago Carrillo, porque fue partícipe de dichas políticas de conciliación de clase, búsqueda de gobiernos de concentración y entrega del sindicato a prácticas mafiosas de colusión con el capital y sus gobiernos para domesticar a la clase trabajadora (Pactos de la Moncloa). Ese sector no puede hacer autocrítica porque le va su currículum político en ello.

De aquellos polvos estos lodos. Una parte de la antigua IU/PCE desaparecerá por mero agotamiento biológico y por senectud de un formato estéticamente anticuado de eurocomunismo.

A ellos solo cabe aplicarles aquella parte del tango del gran Gardel que dice:

Ahora, cuesta abajo en mi rodada,
las ilusiones pasadas
yo no las puedo arrancar.
Sueño con el pasado que añoro,
el tiempo viejo que lloro
y que nunca volverá.”

La otra, la que ha transmigrado en el alma de Podemos, remedando las gilipolleces del ex falangista Anguita, cuando decía aquello de “algún día el alma inmortal del PCE transmigrara en Izquierda Unida”, hace tiempo que es tan indecente por carecer de escrúpulos en el arribismo de sus componentes de cúpula, traidora a la clase trabajadora e inútil para la lucha por el socialismo como lo fue el “izquierdista PSOE” de Isidoro en 1977, el que pasaba la frontera a Francia escoltado por la Guardia Civil.

Señores de IU, su desaparición será una noticia necesaria en el avance hacia la conciencia de que de las urnas solo nacerán nuevas miserias basadas en el viejo engaño del timo del tocomocho. Lo deseable es que a sus cenizas les acompañe el descubrimiento de que los podemitas no son sino los hijos del PSOE, que ustedes fueron, disfrazados de un lenguaje hortera y desclasado para postmodernos de la nada.

Hay quienes afirmamos que el tango es el "llanto del cabrón" por el contenido relativo al desamor y el engaño al amor traicionado de muchas de sus letras. Es injusta esta calificación, ya que también hay otros tangos con temáticas distintas, algunas llenas esperanza e ilusión (déjenme compartir una con ustedes), pero no deja de haber un fondo de verdad en esa primera apreciación. Ese el sentido tanguista que hoy le da el trepa sin escrúpulos e imberbe político llamado Alberto Garzón a sus llantos ante el ninguneo político al que le ha sometido su querido fuhrercito con coleta.  

21 de junio de 2017

PORQUÉ SOY UN ECONOMISTA MARXISTA

El economista marxista norteamericano Fred Moseley
Fred Moseley. tiemposcriticos.wordpress.com

Agradezco mucho la invitación a participar en este seminario sobre economía Marxista en la UNAM. México es uno de mis lugares favoritos y desearía estar ahí en lugar de aquí.
Aquí la temperatura fue de -20 grados centígrados durante el fin de semana.

Mi plática del día de hoy es una versión actualizada de una plática que di a la facultad en mi Colegio varios años atrás cuando recibí el reconocimiento de Académico Distinguido.

Comencé mi plática de esta manera: muchos amigos y colegas me han preguntado a lo largo de los años: “Fred, ¿por qué eres un economista marxista?” Eres un buen Americanode sangre roja, un hombre de deportes, ¿por qué marxista?” Así que esta ceremonia dereconocimientos parecía ser una ocasión apropiada para intentar responder esa pregunta. Y esto es lo que procedí a comentar:

Algunas de las personas que me hacían esta preguntan añadían algo como: “Fred, la Unión
Soviética ha colapsado, se ha ido. ¿Por qué sigues interesado en la teoría de Marx?” Intenté ser educado y no decirle a esta gente que demostraba su ignorancia sobre la teoría de Marx, pero sí enfaticé que la teoría de Marx no tiene algo que ver con la Unión Soviética, o con el antiguo bloque Soviético o China. La teoría de Marx es sobre el capitalismo. Ante todo, ¡el título del libro de Marx es El Capital! Y es una teoría sobre el capitalismo, una teoría alternativa del capitalismo, alternativa a la microeconomía y macroeconomía convencional. Es primordialmente una teoría macro, sobre la economía capitalista como un todo y cómo las economías capitalistas se desarrollan a lo largo del tiempo y porqué son susceptibles a las crisis.

La pregunta breve a responder sobre porqué soy un economista marxista es en realidad muy sencilla –porque creo que la teoría de Marx provee la mejor explicación de los fenómenos más importantes de las economías capitalistas, mejor que cualquier otra teoría económica, incluyendo la micro y macro convencionales. Esto es, soy un economista marxista porque la teoría de Marx tiene un poder explicativo mucho mayor que cualquier otra teoría económica. Estoy utilizando el criterio científico estándar de que una decisión entre dos teorías debe basarse en la comparación entre el poder explicativo empírico entre ellas.

Los fenómenos más importantes de las economías capitalistas que son explicados por la teoría de Marx y que discutiré son los siguientes: la ganancia, los conflictos entre capitalistas y trabajadores, el cambio tecnológico endógeno, la tendencia de la tasa de ganancia, las crisis recurrentes y los ciclos auge/depresión, la desigualdad creciente y la reciente Gran Recesión. Discutiré cada una de ellos en su turno. El punto general es que todos estos importantes fenómenos son explicados por la teoría de Marx y la mayoría de ellos no son, para nada, explicados por la economía convencional (1).

Ganancia
El primer y más importante fenómeno de las economías capitalistas que es explicado por la teoría de Marx es el fenómeno de la ganancia. La ganancia es el principal objetivo de las economías capitalistas, el principal determinante de los gastos en inversión y el principal determinante del estado general de la economía. Así que cualquier explicación de la ganancia es la cuestión más importante en una teoría del capitalismo y es la principal pregunta que la teoría del capitalismo de Marx busca responder.

La teoría de Marx concluye que la ganancia es producida por los trabajadores porque los trabajadores producen más valor del que se les paga. Esto es, los trabajadores gastan parte de su día de trabajo produciendo valor que es igual a sus salarios y después gastan parte de su día de trabajo –que Marx llama plustrabajo– produciendo ganancia para los capitalistas.

En otras palabras, la ganancia de los capitalistas se debe al plustrabajo y la explotación de los trabajadores.

Así, la teoría de Marx concluye que el capitalista se basa, por su misma naturaleza, sobre la explotación de los trabajadores; el capitalismo no existiría sin la explotación porque la ganancia se basa en la explotación. No sólo los trabajadores son salarios bajos son explotados en el capitalismo, todos los trabajadores son explotados. Los trabajadores con menores sueldos son más explotados, pero todos los trabajadores son explotados porque todos los trabajadores generan más valor del que se les paga.

Tan sorprendente como parezca, la economía convencional no tiene teoría de la ganancia en absoluto o tiene una teoría de la ganancia muy débil y ampliamente desacreditada. La macroeconomía no tiene teoría de la ganancia alguna. ¡La ganancia no es siquiera una variable en la teoría! ¿Se percatan de eso? ¡La ganancia no es siquiera una variable en la macroeconomía convencional! Ni la macroeconomía Keynesiana, ni la macroeconomía clásica.

Estaba en shock cuando me di cuenta por primera vez en el posgrado de esta evidente omisión en la macroeconomía convencional – ¡que la macro intenta ser una teoría del capitalismo sin siquiera tomar en cuenta la ganancia!

En la microeconomía existe un tipo de teoría de la ganancia (que renombra como “interés”) –se la llama la teoría de la “productividad marginal” del interés. Quizás hayan escuchado de ella o quizás no. Cada día se enseña menos en estos días porque es una pésima teoría.

Esta teoría siempre ha sido débil y en las décadas recientes se ha mostrado que es inconsistente lógicamente y se ha desacreditado ampliamente excepto para los “verdaderos creyentes” de la economía neoclásica.

Y no existe nueva investigación en alguna parte donde la economía intente desarrollar a una mejor teoría de la ganancia o el interés, como uno esperaría, dado que la ganancia es muy importante en las economías capitalistas. Simplemente se ignora la ganancia en la economía convencional. La actitud de los economistas neoclásicos parece ser:
simplemente olvidémonos de la teoría de la ganancia y esperemos que los estudiantes o críticos no pregunten”.

Pero, ¿cómo podemos olvidarnos de la ganancia en una teoría del capitalismo? Una teoría del capitalismo sin ganancia debe estar severamente limitada en su poder explicativo. Sería como la física sin la energía o la fuerza.

Conflictos de interés
El siguiente conjunto de fenómenos importantes en el capitalismo, que la teoría de Marx explica son los conflictos clave entre capitalistas y trabajadores que existen en todas las economías capitalistas –conflictos sobre los salarios, sobre la extensión de la jornada laboral, y conflictos sobre la intensidad del trabajo (es decir, cuán duro laboran los trabajadores). Imagino que muchos de ustedes han vivido estos conflictos en los trabajos que han tenido. De acuerdo a la teoría de Marx, dado que la ganancia se produce por el plustrabajo, sigue que los capitalistas intentarán incrementar el plustrabajo al limitar los salarios y al pelear contra días laborales más cortos y hacer laborar más fuerte a los trabajadores; todo lo cual va en contra de los intereses de los trabajadores. Por tanto, existen conflictos inherentes e inevitables entre capitalistas y trabajadores sobre estas cuestiones relevantes.

La economía convencional no provee explicación alguna de estos conflictos en las economías capitalistas. Estos conflictos no son parte de los fenómenos que busca explicar la economía convencional. Se encuentran “más allá del espectro” de la economía convencional. En su lugar, la economía convencional tiende a enfatizar la “armonía de intereses” entre todos los agentes económicos, incluyendo entre capitalistas y trabajadores.

Todo es armonía, no hay conflictos. Por ejemplo, en la teoría neoclásica del mercado de trabajo, que probablemente se les ha enseñado, la teoría de la oferta de trabajo asume que los trabajadores pueden elegir la cantidad de horas que quieren trabajar en una jornada laboral – ¡sobre el ignominioso trade-off ocio-consumo en las funciones de utilidad de los trabajadores! La teoría asume que los capitalistas se acomodarán de alguna manera a las preferencias y decisiones de los trabajadores respecto a cuántas horas desean trabajar ellos.

¿En qué planeta viven los economistas convencionales? Evidentemente esta no es la manera real en que funcionan los mercados de trabajo capitalistas. Por tanto, esta teoría no presenta explicación alguna de la extensa lucha de clases sobre la extensión de la jornada laboral en las naciones capitalistas, incluyendo por supuesto las existentes entre Estados Unidos y México. Esta teoría del trade-off entre trabajo y ocio y las decisiones de los trabajadores aún se enseña hoy en día con seriedad y otra vez con la esperanza de que los estudiantes no realicen algún cuestionamiento crítico.

Cambio Tecnológico
El siguiente fenómeno importante en el capitalismo que explica la teoría de Marx es el cambio tecnológico. La teoría de Marx también explica porque las economías capitalistas son tan dinámicas tecnológicamente, caracterizadas por innovaciones y avances tecnológicos continuos. De acuerdo a la teoría de Marx, el cambio tecnológico incrementa la productividad del trabajo, lo cual reduce el tiempo de trabajo necesario de los trabajadores y por consiguiente incrementa el plustrabajo y las ganancias de los capitalistas.

Por tanto, la teoría de Marx concluye que los capitalistas introducirán continuamente nueva tecnología para incrementar el plustrabajo de los trabajadores e incrementarán su ganancia. (Esta es la teoría del plusvalor relativo de Marx).

Otra vez, la economía convencional no tiene explicación de este fenómeno fundamental del cambio tecnológico. La mayoría de la economía convencional asume que la tecnología permanece constante y determina las variables para un pequeño periodo de tiempo con tecnología constante. Cuando se analiza el cambio tecnológico casi siempre se asume que es “exógeno”, es decir, dado por fuera de la teoría y no explicado. La teoría de Marx, por lo contrario, explica el cambio tecnológico como endógeno, causado por la naturaleza interna del capitalismo y la maximización del plustrabajo y de las ganancias por parte de los capitalistas.

Tendencia en la tasa de ganancia
El siguiente fenómeno importante en el capitalismo que explica la teoría de Marx es la tendencia en la tasa de ganancia, la variable crítica en la teoría de Marx sobre la evolución dinámica de las economías capitalistas a lo largo del tiempo. La teoría de Marx sobre la tendencia decreciente de la tasa de ganancia es consecuencia de la conclusión de cambio tecnológico inherente recién abordada. Si el trabajo es la fuente de la ganancia y si la mayoría del cambio tecnológico ahorra trabajo, entonces tarde o temprano la tasa de ganancia disminuirá. La teoría de Marx de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia es ampliamente respaldada por la evidencia empírica para la economía de los Estados Unidos y otros países capitalistas, este fue el tema de mi disertación de doctorado y mi primer libro –una prueba empírica de la teoría de Marx sobre la tendencia decreciente de la tasa de ganancia para la economía de la postguerra estadounidense.

Debido a que la economía convencional no tiene teoría de la ganancia, evidentemente no tiene teoría de la tendencia en la tasa de ganancia a lo largo del tiempo o el efecto del cambio tecnológico sobre la tasa de ganancia.

Crisis y ciclos auge/depresión
Otro fenómeno importante del capitalismo que explica la teoría de Marx son las crisis recurrentes y los ciclos auge-depresión, una de las características más importantes y problemáticas del capitalismo –su inherente inestabilidad. Las crisis y los ciclos han ocurrido una y otra vez a lo largo de la historia de todas las naciones capitalistas y es muy importante intentar comprender las causas de estos ciclos recurrentes.

La teoría de las crisis y los ciclos de Marx se basa en su teoría del cambio tecnológico endógeno y la tendencia decreciente de la tasa de ganancia recién tratadas. Durante un periodo de expansión, la tasa de ganancia tiende a disminuir como resultado del cambio tecnológico que ahorra trabajo y eventualmente este descenso en la tasa de ganancia provoca que las empresas reduzcan la inversión y el empleo y algunas empresas entren en bancarrota y la economía cae en recesión o depresión. Durante la recesión o la depresión, la tasa de ganancia se restablece y la economía rebota hasta la siguiente crisis.

Esta teoría básica de los ciclos puede aumentarse al añadir la deuda como variable crucial, tanto la deuda de las empresas como de los hogares. En los años recientes se ha trabajado sobre estas líneas, combinando la teoría de la tasa decreciente de la tasa de ganancia de Marx con la teoría de la fragilidad financiera de Minsky.

Otra vez, en comparación, asombrosamente, la economía convencional no presenta explicación general de las crisis recurrentes y de los ciclos auge/depresión. Por lo contrario, la macroeconomía generalmente explica las fluctuaciones en la economía como resultado de lo que llaman típicamente “shocks exógenos” –un “shock de demanda” o un “shock de oferta”, usualmente cambios en las políticas gubernamentales (políticas fiscal y monetaria) que son externas a la naturaleza y la dinámica de las economías capitalistas.

No podía creer esta teoría de las fluctuaciones por “shocks exógenos” cuando me percaté de ella en el posgrado. Las clases en macroeconomía comenzaban generalmente con el profesor afirmando algo como “asumamos un shock exógeno”. Como un meteoro cayendo del cielo. La teoría macro trata entonces únicamente sobre cuán rápido se recuperará la economía de este “shock exógeno” y no con qué causó el “shock” en primer lugar. La macroeconomía clásica asume que la economía se recupera rápido y automáticamente a los shocks exógenos por su cuenta sin la asistencia del gobierno; mientras que la macroeconomía Keynesiana asume que la recuperación es lenta por “rigideces en precios y salarios”, por lo que se necesitan políticas gubernamentales expansivas para acelerar la recuperación. Yo estudié primero la teoría endógena de las crisis de Marx que la macroeconomía, así que estaba indignado por esta teoría de los ciclos basada en “shocks exógenos”.

Como estudiante joven rebelde, para dramatizar mi insatisfacción con esta teoría de los ciclos basada en “shocks exógenos”, comencé a llevar mi casco de ciclista a clase, y cuando el profesor afirmaba como solía hacer “asumamos un shock exógeno”, ¡me ponía el casco y pretendía protegerme a mí mismo de algo cayendo del cielo! Afortunadamente el profesor tenía sentido del humor y toleraba mi disrupción y admitía que tenía un punto divertido.

Los hechos históricos de que las crisis y los ciclos han ocurrido una y otra vez a lo largo de la historia en todas las economías capitalistas, y que continúan ocurriendo, sugiere que las causas de estos ciclos recurrentes debe ser interna, endógena a las economías capitalistas y no exógenas.

Desigualdad creciente
Otro fenómeno importante de las economías capitalistas que es explicado por la teoría de Marx es la desigualdad creciente. Todos sabemos sobre el alarmante incremento de la desigualdad en décadas recientes en la mayoría de los países alrededor del mundo, incluyendo los Estados Unidos y México. La teoría de Marx provee una teoría general de la tendencia hacia la desigualdad creciente en las economías capitalistas, la cual también sigue de la teoría del cambio tecnológico discutida previamente. El objetivo del cambio tecnológico es reducir el trabajo necesario e incrementar el plustrabajo. Si los capitalistas logran este objetivo, y usualmente lo hacen, entonces la ganancia aumentará en relación a los salarios y la desigualdad entre capitalistas y trabajadores aumentará. La desigualdad creciente es un resultado normal del cambio tecnológico en el capitalismo. Marx llamó a esta tendencia general hacia la desigualdad creciente en las economías capitalistas la “ley general de la acumulación de capital”: más y más riqueza para los capitalistas y más y más pobreza para los trabajadores. La oleada de desigualdad en las décadas recientes es evidencia dramática de esta importante tendencia en las economías capitalistas.

Una vez más, la economía convencional no tiene una teoría general de la tendencia temporal en la distribución del ingreso debido a que no tiene una teoría de la ganancia. Los economistas convencionales en los Estados Unidos inicialmente intentaron explicar el incremento de la desigualdad en las décadas recientes con la productividad marginal y por lo que llamaron “cambio tecnológico sesgado por las habilidades”: esto significa que el cambio tecnológico supuestamente incrementó el producto marginal del trabajo cualificado, lo cual incrementó la demanda por trabajo calificado y los salarios y remuneraciones de los trabajadores cualificados en comparación con los trabajadores no cualificados. Pero recientemente, incluso los economistas convencionales han abandonado esta teoría porque no explica el gran incremento de los ingresos del 1% más rico en las décadas recientes.

¡Seguramente sus “productos marginales” no han incrementado tanto! Cada vez más los economistas convencionales, especialmente los liberales, se acercan a la postura de que el incremento en la desigualdad tiene que ver con el poder y el poder creciente de los capitalistas sobre los trabajadores en las décadas recientes debido a factores como mayor desempleo, globalización y la caída de los sindicatos, todo lo cual ha resultado en que el salario real promedio en la economía de los Estados Unidos no ha incrementado en absoluto desde los años 70s (esto es 40 años de salario real sin aumento). Y entiendo que el salario real promedio en México ha disminuido sustancialmente desde los 80s ¿cierto?

Todos los aumentos en productividad en ambos países y alrededor del mundo en las décadas recientes se han dirigido a las ganancias y a los salarios de los altos administradores y ejecutivos. Esta explicación convencional basada en el poder es similar a la teoría de Marx, sin la teoría laboral del valor y los conceptos de trabajo necesario y plustrabajo. Y esta explicación no tiene algo que ver con la teoría convencional de la productividad marginal.

Gran recesión
La superiorioridad de la economía Marxista sobre la macroeconomía convencional también se revela por la reciente crisis económica. Yo, al igual que otros economistas marxistas, advertimos duerante años que la economía de los Estados Unidos se dirigía hacia una seria crisis debido a una combinación de bajas ganancias y una alta deuda, especialmente la deuda de los hogares. Si hubiera más tiempo sería feliz en discutir más esta explicación marxista de las crisis recurrentes.

Pero los macroeconomistas convencionales no vieron venir la crisis. Y la razón por la que no la vieron es que tienen una teoría económica inferior, la cual no incluye la ganancia y no incluye la deuda. ¿Cómo podrían explicarse las crisis en las economías capitalistas sin estas dos variables cruciales? En su lugar, la crisis actual se explica, como todas las crisis, con un “shock exógeno”.

Esta crisis ha sido una vergüenza seria para la macroeconomía convencional. Aquí hay algunos ejemplos de la prensa de negocios. Una portada de la revista Economist declaró:
El entrenamiento en macroeconomía es una seria desventaja para comprender la crisis actual. La Reina Elizabeth visitó la London School of Economics y avergonzó a los economistas cuando preguntó: “¿Por qué los economistas no vieron venir esta crisis?” Y Paul Krugman, ganador del Premio Nobel y columnista del New York Times afirmó que “la mayoría de la macroeconomía de los 30 años fue espectacularmente inútil, en el mejor de los casos, y positivamente dañina en el peor”.

Conclusión
¡Así que por esto soy un economista marxista!
Porque estoy convencido de que la teoría de Marx provee una significativamente mejor explicación y más comprehensiva de estos fenómenos importantes de las economías capitalistas, que la macro y micro convencionales no puede. Ni siquiera es un competidor cercano.

Entonces la siguiente pregunta parecería ser: ¿por qué la teoría de Marx es casi universalmente rechazada y descartada por los economistas a pesar de su impresionante poder explicativo, especialmente en comparación con las teorías convencionales?

Esta es una gran pregunta que requeriría una largo discusión, pero creo que la respuesta corta es que la teoría de Marx revela la explotación y el conflicto de clase que es inherente en las economías capitalistas, y tal teoría simplemente es demasiado radical y demasiado subversiva para ser aceptable por los economistas convencionales y por la academia en general a pesar del impresionante poder explicativo de la teoría de Marx comparada con la economía convencional. La economía es escandalosa por ignorar las reglas normales de la práctica científica –que la teoría con el mayor poder explicativo es la que debería ser preferida y aceptada.

Como dijo Marx alguna vez: “las ideas dominantes son las ideas de la clase dominante”. Las teorías dominantes no son necesariamente las mejores teorías, incluso en economía, quizás especialmente en economía. Las teorías dominantes son usualmente las que respaldan los intereses de las clases dominantes de una u otra manera.

Y Marx también dijo: “cuando la realidad es la explotación, la verdad siempre es subversiva”. Pienso que la teoría de Marx provee la verdad sobre la explotación en el capitalismo y por consiguiente siempre será demasiado subversiva para los poderes fácticos.

Pero la teoría de Marx es muy útil para nosotros. Nos ayuda a entender los problemas que enfrentamos en el capitalismo y nos presenta claramente que, si queremos superar la explotación, entonces tendremos que derrocar al capitalismo.

NOTAS:

(1) Para ver una discusión más extensa del poder explicativo empírico de la teoría de Marx ver Moseley, F, Marx’s Economic Theory: True or False? A Marxian Response to Blaug’s Appraisal, en Moseley (ed.), Heterodox Economic Theories: True or False? Edward Elgar, 1995.